Proyecto escritorio (Aramburu)
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- Written by Fernando Aramburu
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Jesús Ortega reúne en Proyecto Escritorio imágenes y reflexiones a propósito de los espacios de escritura de autores contemporáneos en lengua española. El texto y foto pertenecen a Fernando Aramburu:
«Durante un tiempo lo estuve llamando atril, hasta que me convencí de que cometía una inexactitud. Es un pupitre, vocablo que de costumbre asociamos a las mesas de los escolares. Rara vez compro muebles. La tarea, quizá el placer, de comprarlos compete a la costilla. Así y todo, el pupitre lo compré yo, para mí, y por eso y porque, cuando lo necesito, no me niega la ayuda me siento orgulloso de tenerlo por amigo. Se atribuye a Nietzsche la afirmación según la cual quien escribe sentado piensa con el culo. A mi juicio, no deberíamos menospreciar ninguna parte del cuerpo. Un culo perspicaz puede ser francamente útil, quizá más útil que un cerebro. El caso es que el pupitre está pensado para que uno trabaje de pie. Obliga también a escribir a mano. Al menos yo no he hecho todavía la prueba de colocar el ordenador sobre el tablero inclinado. Puede que al cabo de dos o tres horas se me fatiguen las piernas. A cambio, no me duele la espalda ni paso sueño, achaques de los que no siempre estoy libre cuando trabajo sentado. El pupitre lo reservo para las tareas de orfebrería literaria. Me refiero a las correcciones a mano sobre la versión impresa del libro en el que esté ocupado. También a la toma de apuntes, a los resúmenes, a los bosquejos y esquemas; en fin, a esas cosillas que piden un tipo de atención distinto del que pide el ordenador, que es más oficinesco y de venga y dale. El pupitre invita a ser cuidadoso y poeta.»
'Llenad la Tierra' en 'El placer de la lectura'
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Comentario sobre el último libro de relatos de Juan Carlos Márquez, Llenad la Tierra (finalista del premio Euskadi 2011) en el blog El placer de la lectura:
Este libro viajó a Panamá y al ver el nombre de su autor un amigo escritor me dijo: me han dicho que hay que leerlo, que es de los mejores del momento. Y yo lo hice y mi sensación es que llevo tiempo perdiéndome algo. Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) es una voz que no había escuchado y he de confesar que con este “Llenad la tierra (Menoscuarto, 2010) ha conseguido un nuevo lector.
Márquez sencillamente consigue que sus historias se pueblen de profundidad. Nos son los típicos cuentos de lectura rápida en el metro en el avión. Se van posando en el fondo de la conciencia, van compactándose para hacerse difíciles de dejar. Son en su atmósfera y su fondo grandes construcciones literarias con vocación de permanencia.
Hay tres cuentos que para mí son los mejores de este excelente libro y que, en las circunstancias que han acompañado la lectura del mismo, los convierte en crónica de mi vida en estos tiempos.
El primero, sin orden ninguno, es el orden integral que es la más perfecta narración sobre las consecuencias cósmicas de faltar a “los principios de la fila”, de “guardar la vez”, de la “cola del supermercado”. Un cuento breve que produce en el lector la vieja sensación de sentirse narrado de ser parte de lo que lee. Para mí, que me vi envuelto en un altercado de fila por faltar a sus principios me hizo salir del supermercado con una sonrisilla cómplice con Juan Carlos Márquez y su cuento en el fondo de la memoria.
Después está “El corazón de mi padre” una maravilla de cuento que combina lo fantástico con lo cotidiano, muy en la línea de “La Metamorfosis” de Kafka y de un cuento de Matías Candeira, “El extraño” (por citar a algún escritor cercano) que extraen de este binomio una profunda reflexión sobre la vida.
Pero el que definitivamente es mi favorito de “Llenad la Tierra” es “Papá, mírame, un cuento cargado de las inseguridades que habitan en todo padre. La historia transcurre entre la vigilia y el sueño, donde la obsesión por la seguridad del hijo crece por momentos. La familia vive en un piso alto y con terraza. Las posibilidades de un accidente pueblan la mente del padre. El final, conmovedor y rotundo se los recomiendo leer. Con este cuento Juan Carlos Márquez consigue producir en el lector un vuelco vertiginoso, de esos que te llevas para siempre como parte de tu bagaje vital.
Ha conseguido la Literatura y la Literatura practicada por Juan Carlos Márquez ensartar una serie de grandes historias con personajes cotidianos, salpicados de la magia de la realidad y teñido con los luminosos grises de la realidad.
Cuentos que nos acercan por el texto a unas poderosas reflexiones sobre lo que implica formar parte de esta locura que llamamos sociedad, vía la familia, ese núcleo cada vez más disperso y renovado que la sustenta.
Para los que no conocíamos a Juan Carlos Márquez esta es una muy buena oportunidad de buscar el resto de su obra. Para sus incondicionales lectores un motivo de fiesta y una confirmación, eso me dicen, de la grandeza literaria de este brillante escritor.
Pedro Crenes
Esther Zorrozua en Radio Euskadi
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Entrevistada en Radio Euskadi por Almudena Cacho y junto a Arantza Urretabizkaia, la escritora Esther Zorrozua hablando de su nueva novela, Fuga para un pianista, que ha editado Alberdania.
Mina en Madrid (y en 'Diario de Navarra')
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Os paso el enlace con la crítica aparecida en Diario de Navarra de Ramón Irigoyen al último libro de Javier Mina, La mirada fósil, un ensayo sobre la ceguera. En concreto la presentación de este libro en Madrid.
Proyecto escritorio (Irazoki)
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- Written by Francisco Javier Irazoki
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Jesús Ortega reúne en Proyecto Escritorio "imágenes y reflexiones a propósito de los espacios de escritura de autores contemporáneos en lengua española. Narradores, poetas y ensayistas son invitados a participar en el proyecto con un texto breve y una fotografía". La última visita ha sido al escritorio del poeta Francisco Javier Irazoki. El texto y la foto son del autor:
«Cuando me instalé en París, hace diecinueve años, tuve un rincón íntimo en la parte alta de la vivienda. Bajo una claraboya grande y vieja que podía tocar con las manos, busqué las palabras para definirme. A las siete de la mañana, durante más de una década, me senté a la mesa de trabajo y mi nostalgia hizo más ruido que la ciudad adormecida a esa hora. En un ambiente matinal, sin otros sonidos exteriores que los de la lluvia esporádica sobre los cristales del tragaluz, nacieron tres libros aceptados y uno rechazado por el autor. Eran los tiempos del lápiz, la máquina de escribir y el ordenador fijo.
En los años recientes, gracias a los ordenadores portátiles, me he convertido en un escritor sin oficina estable. Generalmente elijo la planta baja del edificio. Cerca de la cocina, frente a una fachada acristalada que deja ver un patio de árboles de hoja perenne, glicinias y pájaros. Delante de mí viven los vecinos: el joven músico conversa con el pintor veterano, la redactora de una revista de moda escucha al tapicero. Lo principal de la estancia es la mesa. Larga, de madera exótica, compuesta de seis pies y dieciocho piezas encajadas en el tablero. Cada pieza puede sustraerse, entre risas de niños, del lugar que ocupa en el conjunto. Sobre ese mueble deposito la computadora, algún bolígrafo, escasos papeles. En la cabecera de enfrente, un frutero y la silla Hiperión, regalo de Jesús Munárriz.
La mesa fue fabricada por un pariente cercano. La hizo en un momento doloroso. Su esposa de veinticinco años se suicidó y él, para combatir una angustia invencible, quiso construir algo. Un objeto que reconstruyera la vida de su fabricante.
Más que un mueble, mi mesa es una enseñanza.»

