Edad de oro
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- Written by Luisa Etxenike
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Se ha convenido en llamar “dorados” a algunos productos o servicios dirigidos a la Tercera Edad. Y así nos encontramos con cuentas bancarias o con tarjetas de transporte doradas. La imagen resulta sugerente: identificar a los ancianos con el oro como una manera de reconocer su aportación a la sociedad, su condición de valor seguro. Porque eso es el oro, sobre todo en tiempos de incertidumbres financieras: un valor seguro. La cuestión es si esa imagen, ese cubrir a las personas mayores de una doradura de prestigio, representa realmente el estatuto que nuestras sociedades reservan y reconocen a la Tercera Edad. O si se trata de uno (otro) puro espejismo, de uno (otro) puro eufemismo, esto es, de una manera de celebrar con dichos lo que luego la realidad se encarga de desmentir con hechos.
¿Consideran entonces nuestras sociedades a la Tercera Edad como una auténtica edad de oro? ¿Reconocen que su patrimonio de conocimientos, competencias y experiencias es un valor confiable, una riqueza a aprovechar y sobre la que apoyarse? ¿Fomentan y articulan, consecuentemente, la trasmisión de ese patrimonio al resto de la sociedad y de manera particular a las nuevas generaciones? O, si se prefiere, ¿es la comunicación transgeneracional si no una de las prioridades al menos una de las inversiones de nuestro presente? Creo que la respuesta es, en todos los casos, negativa. Que hay poco reconocimiento teórico y menos aprovechamiento práctico de la edad de oro que puede suponer la Tercera Edad. Que los ancianos hablan mucho menos en nuestra sociedad de lo que son hablados, que son mucho más objeto —por ejemplo cuando se abordan los servicios sanitarios o asistenciales— que sujeto de discurso; que son mucho más utilizados —en un medio de prensa alguien decía hace poco y muy gráficamente que si los abuelos se plantan esta sociedad se paraliza—, mucho más utilizados privadamente que “aprovechados” pública, colectivamente. Mucho más evocados como gasto o carga, que como haber o palanca de impulso.
Y, sin embargo, hay muchos ámbitos donde su aportación parece más que fundamental. ¿No son, por ejemplo, quienes han recorrido toda nuestra historia reciente, extremadamente valiosos para abordar en y con perspectiva la memoria histórica? ¿No son quienes han atravesado distintos momentos y climas sociales, más o menos agobiantes o euforizantes, especialmente aptos para orientarnos por el tormentoso pesimismo actual? Frente a una generación intermedia que lo ha tenido, en general, más fácil, ¿no está la experiencia de los ancianos, que lucharon para abrirse camino en los años duros, más cerca de los desafíos y las dificultades que tienen que superar los jóvenes de hoy? ¿No es la comunicación entre ellos, por lo tanto, una “mina”?
Creo que la respuesta es afirmativa, cada vez. Y que en estos tiempos desconfiados y tan necesitados de valores seguros, hay que ver en la Tercera Edad, literal y precisamente, una edad de oro.
Artículo aparecido en la edición vasca de El País.
Noche poética de mayo en el Ambigú
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El próximo miércoles 16 de mayo, a las 20:00 horas se convoca en el Pub Ambigú de Bilbao (c/ San Vicente nº 5) una nueva noche poética que contará con la presencia de un invitado especial: el poeta Santiago Liberal que presentará en exclusiva parte de su extensa obra. Como músico invitado actuará Hippie Johnny, que interpretará varios temas propios en acústico de estilo folk/pop. También Txomin que tocará algún tema propio y contaremos con la presencia de la soprano Miren de Miguel y por supuesto, con la ya habitual colaboración de Javier Triguero y sus poemas musicados. Como monologuistas estarán Don Alberto y Txemi del Olmo. A su vez y como de costumbre, el equipo organizativo compuesto por Julián Borao, Javier Arnaiz, Julio González , Monika Nude, Ritxi Póo, Alberto Arzúa y Asier Triguero, conducirán la velada leerán e interpretarán textos propios, presentarán a los demás participantes y vestirán al cadáver exquisito, con sus mejores galas, vuestros anónimos versos. Estas veladas no serían posibles sin la participación de los habituales: Manu Rodilla, Fernando Marcos, Ibon Zubiela, Manu el del Cajón, Karla Alonso, Laureano, Titina Blanco, Isabel Idalgo, Unai Pardo y un largo y cada vez más extenso etcétera al que siempre estaremos agradecidos.
Festival de Poesía "Guardetxe" Poesia Jaialdia
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- Written by Juan Manuel Uría
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Entre el 6 y el 10 de junio se celebrará en Donostia-San Sebastián el Festival de Poesía "Guardetxe" Poesia Jaialdia. Habrá lecturas, música, danza, conciertos, paseos sonoros, y mucho más. Para informaros y conocer el programa, participantes y más aspectos relacionados con el Festival podéis consultar la página web: www.poesiaguardetxe.net. La Asociación de Escritores de Euskadi (AEE/EIE) va a participar activamente en el mismo. Os seguiremos informando.
Fernando Aramburu y Alex Oviedo en 'Cuadernos del Sur'
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Reseñas de El vigilante del fiordo y El sueño de los hipopótamos en el suplemento cultural del diario Córdoba, "Cuadernos del Sur".
La sonrisa truncada
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- Written by Luis A. Bañeres
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La niña camina triste, con pasos indecisos. Parece cargar con varias toneladas a sus espaldas. Llora.
Tiene tan sólo 16 años y un bestia le ha robado su mayor tesoro: la inocencia. La ha dejado marcada para siempre, al arrancarle su infancia e imponerle una terrible madurez, de forma abrupta. Cruel.
La crisálida ha sido interrumpida y la mariposa vuela torpemente, con colores apagados, desorientada, fuera de contexto.
A su sufrimiento ha de añadir el de relatar a sus padres los hechos. Siente vergüenza y no sabe por qué.
Le harán muchas preguntas incómodas que no quiere contestar.
Tan sólo quiere meterse en su cama, apretar fuertemente su osito en su regazo y esperar que todo haya sido un mal sueño.
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Todo resulta muy humillante. No sabe bien por qué pero todos parecen acusarla con su mirada. ¿Por qué se siente culpable y sucia?
Ha venido el doctor. Exploraciones frías. Dedos fríos. Palabras frías.
No habla con ella. Sólo con sus padres.
Silencio y soledad en esa habitación que ahora se le antoja extraña y que parece condenarla en todo momento.
Han tomado una decisión por ella: tendrá al bebe. No sabe si eso es bueno o malo, pero no está en posición de protestar.
Tendrán que aislarla de su entorno, de todo lo que conoce. Tiene que hacerse rápido y durará hasta que llegue el momento de sacar de su cuerpo el fruto del pecado ajeno.
Sola y temerosa, afronta su cautiverio con resignación. Hay que esconderla de los ojos de esta sociedad hipócrita que la condenará sin piedad a la marginación.
Son demasiadas sensaciones que no deberían ocupar la mente de una niña.
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El tiempo parece haberse detenido mientras su cuerpo va cambiando. Lo que antes ella quería desalojar a cualquier precio, va tomando forma y siendo cada vez más suyo. Lo nota, lo siente. Lo ama.
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Llega el momento. Es una niña. Llora con rabia, perturbada al ser arrancada de la cálida paz del vientre materno.
En ese momento ella es consciente de que el vínculo interno que se hacía más fuerte cada día, se ha roto para dar paso a otro férreo, vital. Aún con su mentalidad de niña, sabe que ya nunca podrá olvidar el llanto y el olor suave de esa piel y que los podrá reconocer entre miles, por muchos años que transcurran.
Se llevan el bebé. Lo vuelven a traer al poco, lavado y vestido. Se lo muestran pero sin colocarlo en su regazo. Tras unos instantes, vuelven a llevárselo y ella se sume en sueño eterno, agotada.
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Pasa largas noches sollozando. Las horas en que debería estar jugando, las pasa mirando por la ventana, extática, en la dirección donde sabe que está su hija, acogida por una buena pareja que no puede tener hijos. Sus juguetes yacen en un rincón, olvidados.
Su padre no soporta verla así, plantada en la ventana día tras día, ausente, lejana.
Convienen con la familia de acogida que podrá verla un ratito de vez en cuando, para saciar esa necesidad de madre, para enjugar sus lágrimas, para aportar un poco de luz en su carita de niña endurecida por facciones que son ajenas a su edad.
Puede verla, acariciarla, incluso besarla. Pero no ha de cogerla. Y eso la tortura. La mata.
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A pesar de ello, ha recuperado el color. Se le ve feliz cada fin de mes acudiendo a ver a esa muñequita viviente que ha salido de sus entrañas y que le devuelve una sonrisa cuando aparece en el jardín. Con sus ahorros, siempre compra algún juguetito para el bebé. Este parece intuir lo que le une a esa otra niña mayor.
Quizás porque la niña mayor sondea siempre de forma intensa en el interior de sus ojos y eso no la incomoda.
Hasta que llega un día en que se acaban las visitas.
“Conviene ir cortando la relación”, -le dicen- .
“Por el bien de la niña”, -añaden-…
“Yo también soy una niña” -piensa ella-.
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Han pasado varios años. Casi veinte desde que la vio con permiso. Sólo dos semanas desde que la ha visto a hurtadillas, en un bar de los que frecuenta con sus amigos.
En todos estos años, no ha pasado apenas una sola semana sin verla, aún de forma furtiva. Ha asistido a su infancia, a su pubertad, a sus fiestas, a su graduación, a sus primeros escarceos amorosos, a sus desengaños….
Siempre desde la lejanía, desde la protección que le brindan las sombras y la multitud.
Quiere asegurarse de que su pequeña está bien.
Y mientras, su pequeña, ajena a este sufrimiento, devuelve a la vida una sonrisa preciosa.
Lo que su pequeña nunca sabrá es que siempre ha estado protegida, velando para que esa sonrisa se instale en su rostro.
La misma sonrisa que le fue negada a otra niña, hace muchos años.

