La silenciosa vida de Austin P. Shelby
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- Written by Juan Manuel Uría
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Austin P. Shelby nació en Santa Mónica (California) en 1902 y murió en la misma Santa Mónica en 1989. Austin fue, ante todo, un buen hombre, que como dato biográfico no es baladí, por lo inusual; pero no es por esto por lo que se le recuerda sino por algo mucho más excepcional: en toda su vida sólo dijo tres frases. La primera cuando ya tenía 10 años. En la escuela, recreo, después de que el típico matón de frente huidiza y maxilar hipertrofiado –¡puto mudo de mierda!– le tirara al suelo de un empujón. Austin, levantándose lentamente del suelo, se sacude los pantalones, y tras lanzar al matón una mirada de advertencia cargada de peligro, le dice, con voz segura, profunda y clara: como me vuelvas a tocar, te mato. Nadie le volvió a molestar. Desempeñó trabajos de lo más variopinto: pintor de brocha gorda, actor de cine mudo (donde, dicho sea de paso, iba cosechando notables éxitos hasta la llegada del cine sonoro, que le obligó a dejarlo), funcionario de correos y, por último, farero. Se casó con una chica discreta, protestante y sorda. El prescriptivo sí quiero fue su segunda frase. Tuvo tres hijos parlanchines y bien educados: Ángela, Michael y Austin Jr. En abril de 1989 cayó gravemente enfermo. Estando en su lecho de muerte, rodeado de sus familiares y amigos, estos ven que Austin hace un gesto con la mano pidiendo que se acerquen a la cabecera de la cama. Así lo hacen, solícitos, solemnemente tristes, y (todo hay que decirlo) expectantes porque piensan que va a hablar. Y lo hace, efectivamente, y lo que dice, sólo un instante antes de morir, es lo que será su tercera y última frase: ¿por qué siempre tenéis que hacer tanto ruido, joder?
Artículo sobre la editorial Menoscuarto
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Artículo del escritor Óscar Esquivias sobre la editorial palentina Menoscuarto en el que aparece la recomendación sobre el libro de Juan Carlos Márquez, Llenad la Tierra. Si pincháis en la imagen os podéis descargar en pdf.
Un recuerdo de Labordeta
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- Written by Iñigo García Ureta
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"Hola, soy Labordeta..." decía el mensaje en el contestador de su móvil. Sus hijas, al referirse a él, también le llamaban Labordeta, al igual que sus amigos. Labordeta era también el nombre de su personaje público, el que aparecía en el periódico o el televisor. Lo asombroso, por inusual, era que entre persona y personaje no mediara distancia alguna. En ambos casos uno se las había con un ciudadano de a pie, atento y ecuánime, que gustaba definirse como un socialdemócrata tímido. La última vez que lo vi fue en su casa, a mediados de mayo, el día en que presentábamos Regular, gracias a dios, su último libro, escrito a pesar de los contratiempos y en el que además tuvo la ayuda puntual de una maravillosa escritora, su hija Ángela. Labordeta llevaba entonces varios meses sin salir de casa, pues las piernas le fallaban y precisaba la ayuda de un andador al que llamaba, sin mayor reparo, el “Lamborghini”.
La noticia de la aparición del libro no se hizo esperar. Como tantas veces sucede, lo que más trascendió de la rueda de prensa fue también lo más anecdótico, un comentario sobre el modo en que el gobierno estaba gestionando la crisis económica como respuesta a una pregunta hecha sin más por un periodista que no había leído el libro que presentábamos, y lo que debería haber sido una celebración de las memorias de Labordeta quedó así oculto tras un titular soso, que meramente lo mostraba “desolado por la falta de soluciones ante la crisis”. (Ésta es la verdad de las noticias, su urgencia por imponerse a una realidad mucho más rica, y así las leemos y leemos el mundo.
Cita con la 'proesía'
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El próximo jueves 20 de enero, a las 19:30 horas, tendrá lugar un recital de PROESÍA en la Sala Luis de Ajuria (c/ General Alava, esquina Dato) de Vitoria-Gasteiz. Intervendrán los autores de la Asociación de Creadores Literarios de Alava (KRELIA.A): Jesús Camarero, Juan López de Ael, Marisol Ortiz de Zárate, Ángela Serna y Roberto Lastre.
De qué hablamos cuando hablamos de edición
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- Written by Iñigo García Ureta
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En 1992, Marco Cassini (nacido en 1970) y Daniele di Gennaro, veinteañeros con ganas, fundan minimum fax, una primera revista literaria que se enviaba por fax y que levantó cierto revuelo en Italia. Dos años más tarde, minimum fax pasa a convertirse en una editorial. Como el mismo Cassini admite en su libro, "Imaginaba largas jornadas leyendo manuscritos que iban a cambiar la historia de la literatura, conversaciones en figones llenos de humo con escritores legendarios, (…) repetir fácilmente la experiencia del New Yorker de William Shawn, de la Shakespeare & Co. de Sylvia Beach, del Grupo Bloomsbury de Virginia Woolf o de la Einaudi del trío Vittorini-Calvino-Pavese.
Esto, como se verá, no es así. Cuando Marco Cassini escribe Erratas, minimum fax ya publica varias decenas de libros de ficción y no ficción al año: su autor estrella es Raymond Carver; y tiene un catálogo que reúne a Foster Wallace con Bukowski; Lennon con las entrevistas de The Paris Review, los ensayos de Auster con la teoría cinematográfica de Lars von Triers o Ginsberg con un bestseller sobre cómo la Iglesia Católica inventó el marketing titulado 'Jesús lava más blanco'. Tanta actividad le acaba ocasionando lo que él denomina el “síndrome de la Cenicienta”, que se manifiesta invariablemente a medianoche y que lleva acompañada una multitud de granitos “rojos y pruriginosos” que se le extienden por todo el cuerpo y que cuatro especialistas diagnostican como estrés.

