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Juan Bas en 'El País'

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Categoría de nivel principal o raíz: Noticias
Publicado: 19 Febrero 2012
Creado: 19 Febrero 2012

Un viaje de trabajo a Moscú hace tres años, invitado por el Instituto Cervantes para impartir una charla, inspiró a Juan Bas la trama de Ostras para Dimitri, la última entrega de la trilogía que abrió con Alacranes en su tinta en 2002 y siguió con Voracidad, Premio Euskadi de Literatura hace un lustro.

La tercera de las obras dedicadas por Bas al exceso —“una mezcla de novela negra, picaresca y esperpento satírico”, en palabras de su autor— arranca con el protagonista, Pacho Murga, cumpliendo condena en la cárcel y enredado en la peligrosa vida de un jefe de la mafia, mitad ruso y mitad navarro.

Cerrada la trilogía, el escritor ha decidido abandonar a este personaje, un pijo sin principios, gourmet y cinéfilo, que acaba convertido en un superviviente y que le ha permitido contar a lo largo de una década historias cargadas de un humor corrosivo.“A diferencia del pícaro clásico, del buscón que viene del arroyo, lo que me gusta del personaje es que es un niño bien que ha quedado desclasado”, explica el escritor. “No sé si será para siempre, pero mi idea es dejar el personaje. Ha tenido una evolución propia y me manda sobre ciertas cosas que no puedo rebajar si soy fiel a su personalidad”.

Bas anuncia que con Ostras para Dimitri cierra un ciclo y una etapa de su vida como escritor. “Ahora estoy escribiendo una novela que se titulará El refugio de los canallas, en la que no tiene mucho espacio el humor”, añade.

En la realidad contemporánea Bas ha encontrado elementos que va tejiendo en una historia de violencia, venganza y culpa. “Hay una cierta lente deformante de la realidad, pero muchas veces lo que ocurre es esperpéntico sin necesidad de exagerar”, apunta. “Al ser una novela contada en primera persona por un personaje tan barroco, tan pedante, lo importante es emplear el humor sin que sea un añadido artificial, sin que reste dramatismo a la historia, que no convierta lo que ocurre en bufonesco”, añade. “Triturar la mezcla de géneros con el exceso sin que se vaya de las manos es complicado, pero literariamente me resulta atractivo. Es un desafío como escritor”, concluye.

Artículo aparecido en la edición vasca de El País.

Fernando Aramburu en 'El Correo'

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Categoría de nivel principal o raíz: Noticias
Publicado: 16 Febrero 2012
Creado: 16 Febrero 2012

Fernando Aramburu (escritor) ha prestado su barrio y los recuerdos de infancia a 'Años lentos', su novela más reciente y último Premio Tusquets. La historia, ambientada en San Sebastián durante los sesenta, está contada desde la mirada de un niño que llega a una ciudad bajo la grisura franquista, pero en la que ya se incuba el fenómeno etarra. El escritor guipuzcoano protagoniza hoy (20.00 h.) un encuentro del Aula de EL CORREO en el que conversará con el historiador Fernando García de Cortázar. El acto, que tendrá lugar en el Salón El Carmen de Bilbao, cuenta con la colaboración de Tusquets Editores.

- Dibuja una sociedad dócil, una población que no se cuestionaba el régimen.

- Existía un férreo control y una paz impuesta. La gente se dedicaba a lo suyo, no estaba politizada. Era una época en la que pasaban pocas cosas, muchas menos que ahora. Yo así lo recuerdo, aunque a finales de los sesenta ya se percibía la decadencia de la dictadura y el torbellino político que se avecinaba.

- La novela tiene un planteamiento de comedia que se agria a medida que se desarrollan los acontecimientos

- No es deliberado, sino que se trata de una manera de entender las cosas. Estamos inmersos en una realidad con diferentes colores y yo tengo una tendencia natural hacia el humor, excepto cuando trato el dolor ajeno. Tengo una visión entrañable y ridícula de nuestra experiencia humana.

- «Me lo había imaginado diferente». Es lo que confiesa un personaje que se integra en ETA cuando emprende una penosa huida. ¿Eran ingenuos los terroristas?

- Recuerdo que se hablaba de vecinos que habían huido a Francia con un cierto halo de mitificación. Cuando Julen se aleja del barrio, se diluye, no sabemos por qué vuelve del exilio y ese misterio se abre a la interpretación y conjeturas del lector.

- El regreso del militante caído en desgracia ante sus antiguos compañeros evidencia la hostilidad ambiental, una ley de acoso y silencio que sustituye a la anterior pasividad ante la dictadura.

- Guardar silencio y no ponernos en peligro es una reacción que se encuentra en el instinto animal. Cuando Franco estuvo en el poder contestar era peligroso, a uno lo maltrataban en comisaría, así que los primeros atentados contra el régimen generaron simpatía porque sentimos que nos podían liberar. Pero cuando se dirigen contra personas sin vínculos con la dictadura se vuelve doloroso y triste.

- En su novela, el cura del barrio ejerce una influencia decisiva sobre los más jóvenes, los adoctrina políticamente. ¿Hubo sacerdotes que gestionaron mal su ascendiente sobre los fieles?

- Hablamos de una figura de ficción inspirada en otras que existieron, personas que en vez de difundir la palabra de Dios, anteponían la ideología al amor del prójimo, que no actuaron en función de la moral cristiana.

- ¿Existe el riesgo de que se dé carpetazo al pasado, una tentación favorecida por la pesadilla de la crisis económica?

- Algunos que han sido agresores pueden pensar que lo mejor es levantar la alfombra y meter dentro todo lo lamentable, una solución muy negativa para el objetivo de construir una sociedad pacífica. Quien detenta el poder tiende a remodelar la historia, pero algunos escribimos para que quien quiera simplificar o negar no lo tenga fácil.

- ¿Cree factible que se pida perdón?

- Sería muy positivo que todos esos que usaron pistolas pidieran perdón y garantizaran que no van a ampliar nunca más el dolor causado. No es fácil, exige valentía mirar a los ojos de viudas, huérfanos y mutilados, una dimensión humana que no se ha tenido cuando se han empuñado armas.

- ¿Sigue manteniendo que los escritores en lengua vasca permanecen cautivos?

- En ese artículo que menciona se desvirtuaron mis declaraciones y la mitad de mis reflexiones no aparecieron. No quise ofender a nadie. Es evidente que algunos no fueron libres, que llevaron escolta, que hubo crímenes y se quemaron librerías, y que otros se situaron en zonas de silencio. Lo extraño es decir lo que se quiere cuando impera el terror.

Procede de El Correo.

Juan Bas trae 'Ostras para Dimitri'

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Categoría de nivel principal o raíz: Noticias
Publicado: 15 Febrero 2012
Creado: 15 Febrero 2012

Ostras para DimitriSerá el jueves, día 16 de febrero, a las ocho de la tarde, en la sala de la cúpula del teatro Campos Elíseos, (calle Bertendona, 3) en Bilbao. La presentación correrá a cargo del escritor Fernando Marías. La entrada es libre y sin invitación. Para abrir boca, una breve sinopsis: "Pacho Murga, señorito bilbaíno pijo y amoral, muy venido a menos (que ya protagonizó las exitosas novelas Alacranes en su tinta y Voracidad), cumple condena en la prisión de Salto del Negro. Allí conoce a Dimitri Urroz, un personaje ambiguo y explosivo, mezcla de ruso y navarro, que se convertirá en su protector y le complicará la vida en una aventura itinerante con escalas en un surrealista marco rural del norte de Navarra y el Moscú más excesivo. El tema de la novela, la permanencia de la culpa y su imposible exoneración, se articula a través de una trama oculta que se va revelando poco a poco, al igual que sucede con la traición, hasta un desenlace afilado como el borde de la concha de una ostra.
Ostras para Dimitri es una novela de Juan Bas, lo cual quiere decir que el lector se encontrará con una arriesgada y conseguida mezcla de novela negra, esperpento picaresco y tragedia. Presidida, como siempre es seña de identidad del autor, por un elaborado sentido del humor ácido y negro.
Ostras para Dimitri, absorbente, ligera y a la vez profunda, es la novela de madurez de un personaje y de un novelista con mirada y estilo propios."

Aramburu-Savater: teoría y práctica de la presentación de un libro

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Escrito por Francisco Javier Irazoki
Categoría de nivel principal o raíz: Noticias
Publicado: 14 Febrero 2012
Creado: 14 Febrero 2012

Juan Cruz (El País) cuenta cómo fue la presentación del libro de Fernando Aramburu en Madrid:

Para presentar un libro hace falta, es obvio, un buen presentador. Y conozco pocos mejores que Fernando Savater; es más, lo conozco desde 1972, y desde entonces nunca falla. Es directo, se ha leído el libro, es capaz de resumirlo en un segundo y muestra afecto por el autor. En segundo lugar, y no siempre en primer término, el libro ha de ser bueno, el editor tiene que confiar en él. Es más, el editor debe acompañarlo, estar ahí con el libro y con el autor; eso es imposible de eludir: si el editor no está la audiencia se inquieta. Si él no vino, ¿a qué venimos nosotros?

El libro es bueno, en este caso, muy bueno; lo dijo Savater. Es más, lo dijo al principio y al final. "Me ha gustado mucho". Se notó. Claro, el autor es Fernando Aramburu, el libro de éste es Años lentos, premio Tusquets de novela, y lo presentaban, con la audiencia colmada, en la nueva Fnac, en Castellana, 79, Madrid, un sitio que me gustó mucho: sillones sin respaldo, de colores variados y muy vivos, lo que le daba el aire de sala de estar de un colegio mayor suizo o sueco. Y estaban los editores, claro, la directora de Tusquets, Beatriz de Moura, que da serenidad a los sitios (y a los autores), Juan Cerezo, editor, Natalia Gil, responsable de comunicación...

Todos esos elementos, es decir, esas personalidades, son fundamentales en el conjunto de una presentación. Al autor le da confianza, al auditorio le da certeza de que está asistiendo a una apuesta, y en general se consigue un ritmo que no es posible si alguno de esos elementos está ausente.

¿Y el libro? Ah, eso es lo fundamental. El escritor mexicano Gabriel Zaid acuñó una expresión ("hay que poner el libro en la conversación de la gente") que muchos copiamos: un libro ha de poner a la gente a conversar, tiene que ser materia de recuerdo y de discusión. Y este Años lentos marca ese ritmo: da para conversar. Savater fue muy veloz: la portada del libro, un paisaje nublado y lluvioso de San Sebastián es el marco en el que él (esa misma mañana de la presentación, por cierto) había hecho su caminata diaria... Y los años, el 68 de Donosti, tiempo en que se desarrolla la novela, le desata a él tantos recuerdos como al autor. Y Aramburu tomó aquel tiempo como su tiempo propio pero también como el tiempo de la ficción: habían matado al primer guardia civil que asesinó ETA y comenzaba en Euskadi un tiempo de niebla espesa, de plomo en las alas de un país que ya no se ha levantado feliz una mañana... O sí, pero olvidando.

Pero no es una novela sobre Eta, ni mucho menos, Aramburu reiteró varias veces esa convicción, alivió a la gente que estaba presente de la posible sensación de que otra vez el terrorismo agarrara el centro de un libro para monopolizarlo con su viscoso recuerdo. No, no es sobre ETA, es sobre las personas que vivieron aquel tiempo, cómo aquella vida fue afectando a cada una de esas personas, cómo era la Donosti que fue viendo el muchacho Aramburu, que en 1968 tenía ocho años.

La conversación fue en algún momento hacia el terreno de las técnicas literarias, pues el libro está sembrado de ingeniosas revueltas sobre el estilo y el recuerdo como materiales del escritor: es, por así decirlo, un libro que a veces se desnuda y deja ver la maquinaria en ejercicios que revelan el humor donostiarra (y alemán, desde hace veinte años Aramaburu vive en Alemania, le gusta la manera de razonar de los alemanes, su mujer es alemana) del escritor, de apariencia silenciosa como los donostiarras de adentro pero, en cuanto se le da materia, locuaz y sencillo, un buen interlocutor para el torrencial Savater, que en un momento determinado se puso a escuchar. A veces apuntaba cosas. Dijo: "Voltaire decía que contarlo todo es el primer paso para ser aburrido".

Aramburu estuvo de acuerdo. Además, indicó Savater, no es suficiente con contarlo todo. Aramburu dijo algo que nadie confiesa en las presentaciones: que cuando acaba de escribir se lo pasa a otros; "desconfío de mi mismo, así que les pido a los amigos que me digan en qué me he equivocado". A esas alturas el autor hacía rato que se había ganado al público, de calle, de modo que pudieron haber seguido horas a pesar de que los asientos no tenían respaldo... Pero le hicieron caso a Voltaire, y a su embajador en la tierra, Fernando Savater, y no lo contaron todo. Pues todo está en el libro.

Ah, y al acto fueron autores y periodistas. Estaban Nuria Azancot y Blanca Berasategui, de El Cultural. Y había al menos un autor, Rafael Reig, que ganó el premio Tusquets del año pasado. Y vi a varios editores. Y estas presencias (periodistas, autores, editores) sí que es excepcional en la presentación de un libro. Que lo sepa Aramburu, que vive en Alemania.

Fernando Aramburu, en 'Diario Vasco'

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Escrito por Roberto Herrero
Categoría de nivel principal o raíz: Noticias
Publicado: 12 Febrero 2012
Creado: 12 Febrero 2012

Entrevista a Fernando Aramburu aparecida en el Diario Vasco el pasado nueve de febrero y firmada por Roberto Herrero. La foto es de Usoz:

Fernando Aramburu acaba de publicar 'Años lentos' (Editorial Tusquets). Una novela que transcurre en San Sebastián a finales de los años sesenta. El escritor donostiarra sitúa en su barrio natal de Ibaeta buena parte de las peripecias de una familia humilde, envuelta tanto en sucesos personales como políticos, narrados a través de la mirada curiosa de un niño.

Fernando Aramburu en Diario Vasco-¿Cómo de lentos eran aquellos años en San Sebastián?

-La sensación de lentitud es meramente personal. No descarto la posibilidad de que para otros ciudadanos aquellos años de la dictadura despierten una sensación distinta. Yo los veo en el recuerdo como una época de paralización y marasmo, con un régimen totalitario hostil a los cambios, con primeras planas de los periódicos dedicadas a inauguraciones y mandangas por el estilo. Las innovaciones de todo tipo, también las culturales, llegaban tarde, censuradas y con cuentagotas. Pienso, a modo de símbolo caracterizador, en la mano decrépita de Franco, ya muy metido en años, saludando débilmente desde algún balcón.

-¿Una novela que transcurre en el tiempo y lugar de su infancia es un diálogo con o contra la nostalgia?

-Hay sin duda en mi novela una tentativa de recuperación de una etapa personal definitivamente abolida. Eso sí punza en el corazoncito: saber que uno fue un niño, un cuerpo libre de desgaste, sano y vivaz, con una considerable provisión de futuro, y que algo tan bonito se terminó para siempre. Dejando a un lado dicha pérdida irreparable, no me aprieta la nostalgia por el tiempo o el lugar. No es especialmente divertido nacer en una dictadura y en un país bastante retrasado en aspectos económicos, pedagógicos, culturales y demás.

-Es una historia triste, en la que casi todos los personajes son unos pobres diablos.

-Yo no sé sacarles partido literario a los héroes. Me adapto mejor a los personajes populares o de origen humilde obligados a luchar por el sustento y el logro de objetivos elementales.

-Usted es también personaje central. Cuénteme la particular forma de escribir este libro.

-Es muy sencillo. La novela alterna dos discursos distintos que son preparatorios para una futura novela. Un informante me proporciona un material sacado directamente de los recuerdos de su estancia, siendo niño, en casa de unos tíos suyos afincados en el barrio de Ibaeta. Entre los distintos tramos de su memoria intercalo apuntes de mi puño y letra sobre asuntos que no figuran en el texto principal. De esta manera se llenan huecos en la historia del informante con comentarios, descripciones, añadidos informativos y otras cosillas, pero sobre todo se establece un juego dialéctico entre la realidad y la ficción.

-El tema de la violencia será destacado en los comentarios ya que uno de sus protagonistas es un joven tan idealista como ignorante que se adentra en ETA. Sin embargo, el libro va mucho más allá. Es un retrato de un barrio pobre de San Sebastián, muy alejado del glamour donostiarra. Parece una historia rural.

-Mi novela no trata de ETA, pero yo ya estoy resignado a que los periódicos me simplifiquen, me citen imprecisamente y me atribuyan lo que no he dicho. Esa batalla por la exactitud la doy por perdida. 'Años lentos' es, efectivamente, otra cosa. Reúne episodios referidos a una familia modesta de cuatro miembros. Dichos episodios se sitúan en un barrio de las afueras de San Sebastián, en un tramo temporal que va de 1968 a 1971. Y entre los numerosos episodios se encuentran, sí, unos cuantos que hacen referencia a los primeros giros de lo que no tardaría en convertirse en el torbellino terrorista que todos conocemos.

-¿Es junto a 'Fuegos con limón', su novela más autobiográfica?

-En ambos casos abrí el cajón de mi memoria personal y saqué todo lo que me pareció aprovechable, que no fue poco. No lo hice para contar mi propia vida, por lo que me resisto a aceptar que los dos libros mencionados sean autobiográficos. Esto es como el conejo en la chistera del mago. Si no se esconde primeramente, es imposible llevar a cabo el truco. En literatura pasa lo mismo, pero con vivencias propias en lugar de conejo.

-¿Habrá continuación de 'Años lentos'?

-Sí y no. 'Años lentos' es una pieza narrativa suelta para la que no preveo una continuación con los mismos personajes. Así y todo, si nada se tuerce me gustaría seguir contando historias sobre gente de mi tierra natal, donde han ocurrido tantas cosas desde la fecha de mi nacimiento, algunas tristes y trágicas, otras más risueñas.

-Lleva 27 años en Alemania. Cuando regresa a su casa familiar, ¿qué huellas encuentra del barrio que nos describe en el libro? ¿Qué le parece San Sebastián ahora?

-Mi barrio ha cambiado mucho. En mis tiempos daba directamente al campo. ¡Y qué campo! Colinas, praderas, huertos, arboledas, un riachuelo con anguilas; en fin, una excelente copia del paraíso terrenal. La ciudad se lo ha tragado, conservando el núcleo original de casas en torno al cual se han levantado los feos edificios de Errotaburu. Donde en mi infancia segaba la hierba el casero, con su guadaña, su burro y su capucha de saco, ahora hay que pagar OTA.

-'Años lentos' ganó el VII Premio Tusquets de Novela. ¿Cree que puede levantar sospechas el que usted publique casi todos sus libros en esa misma editorial ?

-El certamen, que ha quedado desierto en dos ocasiones, es rigurosamente limpio. ¿Que alguien abriga suspicacias? Pues es posible. A fin de cuentas, pensar mal forma parte de la naturaleza humana.

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