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Memorias XI Jornadas Autor

Programa Idazleekin Solasaldiak

'Sarcásticos e irónicos'

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Written by Pedro Ugarte
Parent Category: Colaboraciones
Published: 30 April 2011

No siempre los extremos se tocan. A veces es al revés: a veces cosas que parecen cercanas se hallan separadas por un abismo insalvable. Es lo que ocurre con el sarcasmo y la ironía: pasan por ser primos hermanos, pero en realidad se desconocen.

Si algo procura la ironía es desentrañar un rincón escondido del alma. Y debido a eso, por internarse en territorios tan íntimos, tan intrincados, toma desprevenido al propietario y lo sorprende en alguna postura indecorosa: de ahí viene la sonrisa. En el fondo de la ironía siempre anida la compasión, alguna forma de compasión. Hay una fraternidad secreta entre el que ejecuta una ironía y el que la padece, quizás porque la verdadera legitimidad de la persona irónica para practicar su arte es que lo despliega, en primer lugar, sobre sí mismo y que se encuentra dispuesto a servir de inspiración a la ironía de los demás. En la ironía pervive, intacta, aquel famoso imperativo moral: no hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti. Sólo que formulada en sentido positivo: si quieres reírte de los otros, empieza por reírte de ti mismo.

Frente a la ironía, que obra como una palmada sobre la espalda, el sarcasmo se mueve con la eficacia hiriente de una navaja. El sarcasmo es cruel y esencialmente perverso. Pero lo que más llama la atención en el sarcasmo es la paradójica naturaleza de aquel que lo practica: el sarcástico no tiene sentido del humor. El sarcástico es un patán mal encarado que disfruta ideando agudezas sobre los demás, pero que jamás permitirá la más mínima observación sobre sí mismo. Conocí un tipo que se creía bastante ingenioso y que no paraba de idear felices metáforas sobre paralíticos, ciegos, cojos o buenas personas (se reía, en fin, de toda clase de incapacidades) pero no toleraba en su presencia ninguna alusión a un rasgo de su rostro o su carácter. Los sarcásticos, que se precian de tener gran sentido del humor, saben del humor bastante poco.

Y es que la verdadera diferencia entre el sarcasmo y la ironía no se funda en presupuestos objetivos, sino en la diversa calidad moral de quien se pone manos a la obra. Algunas personas son irónicas y algunas son sarcásticas. Los irónicos se involucran en el juego y se someten también a la ironía, con ánimo deportivo, con imperial grandeza, mientras que los sarcásticos, y a pesar de considerarse paladines del ingenio, son imbéciles morales capaces de encontrar un rasgo divertido en una catástrofe que se lleve por delante a media humanidad pero que no tolerarían el más mínimo contratiempo en sus proyectos egoístas.

La ironía y el sarcasmo parece que comparten el mismo vecindario pero residen, al final, en distintos continentes. En el sarcasmo anida lo peor del ser humano, desde la crueldad más gratuita hasta el totalitarismo político. Y frente a eso, la ironía es una forma pudorosa e inteligente de piedad.

Artículo aparecido hoy en la edición vasca de El País.

'Radio París' (29 abril)

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Written by Francisco Javier Irazoki
Parent Category: Colaboraciones
Published: 29 April 2011

Tiene un apellido ideal para dormir a la intemperie. Sin embargo, nacido en Kiev, descendiente de inmigrantes polacos, Sigismund Krzyzanowski pasó la mayor parte de su vida recluido en una habitación de Moscú. En el espacio de apenas ocho metros cuadrados concentró mayor libertad que la dispersada en todo su país sometido a la dictadura. No le permitieron editar más que una obra dramática y algunos artículos menores. Para silenciar definitivamente al creador insumiso, sólo faltaba la intervención de Gorki, que entonces era el padre sin coraje de la propaganda soviética. Por supuesto, Gorki no tardó en anularlo socialmente con varias frases de infamia sutil, y a Krzyzanowski le bastaron treinta palabras para resumir la tiranía: “Era como si todos nosotros, los que nos habíamos quedado aquí, nos hubiéramos instalado en un enorme edificio de gruesos muros, decorado por fuera con hileras de falsas ventanas ciegas”. Los críticos literarios franceses lo consideran el eslabón perdido entre Kafka y Borges, y en España la editorial Siruela ha publicado, con análisis exactos de Jesús García Gabaldón, el conjunto de relatos La nieve roja. Sigismund Krzyzanowski murió en 1950. Fue enterrado bajo una nieve densa que borraba los caminos y nadie sabe ahora dónde se encuentra su tumba. Opino que existe una búsqueda prioritaria: ningún amante de la mejor narrativa debería ignorar el placer de las páginas escritas por un artista desobediente.

Artículo aparecido en El Cultural de El Mundo.

'Salir y entrar'

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Written by Mila Beldarrain
Parent Category: Colaboraciones
Published: 29 April 2011

Hoy es innegable que, en el mundo occidental, cualquier mujer con una preparación puede aspirar a ocupar un puesto de responsabilidad y alcanzar igualmente las metas que se proponga. En este sentido, podemos decir que el siglo XX consolidó de algún modo la puesta de largo de la mujer en sociedad, poniendo así punto final a siglos y siglos en los que nuestro destino era únicamente la procreación o el convento. Sin embargo un acontecimiento cultural me ha hecho reflexionar sobre este tema. Desde el 8 de marzo hasta el 5 de junio, el museo Thyssen-Bornemisza, en colaboración con la Fundación Caja Madrid, acoge una exposición, que bajo el título de 'Heroínas', muestra una colección de pintura que quiere representar a la mujer fuerte, creadora, en definitiva, activa y desafiante, de diferentes épocas de la historia, aunque ciertamente no fuese esa la intención de sus autores. Las obras expuestas son muy bellas y fueron creadas en su mayoría por pintores varones, que, como es lógico, muestran a la mujer desde su particular visión y posición, es decir, eternizan la delicadeza o la fuerza o el erotismo de unas señoras a las que contemplan con curiosidad y pasión, a sabiendas de que constituyen un mundo aparte y mágico, a sabiendas de que son las florecillas que adornan la sociedad con letras mayúsculas regida por ellos. La exposición, aparte de su calidad, es actual y necesaria, lo que, paradójicamente y a mi entender, significa que todavía, a día de hoy, pesa la historia que queremos dejar atrás. Y reflexionando y reflexionando, he llegado a la conclusión de que las mujeres hemos pasado de ser sumisas esposas y madres a tener como único modelo vital el éxito personal. Y otra vez estamos atrapadas en una sutil tela de araña. Y es que, aunque nosotras sabemos que ambos objetivos, trabajo y maternidad, no son excluyentes, al menos no lo son para nuestros compañeros varones, sí lo son para nosotras. Así, cuando optamos por la realización profesional nos sentimos culpables por descuidar nuestras obligaciones familiares, que siguen siendo solo nuestras; cuando decidimos olvidarnos de lo que queremos y centrarnos en el hogar, nos sentimos vacías, explotadas por la familia, seres invisibles. ¿Qué está pasando? Pues algo muy sencillo, que nosotras hemos salido de casa pero nuestros maridos, compañeros o como les quieran llamar, todavía no han entrado. Nuestros hombres es verdad que ponen pañales y hasta pueden preparar la cena, pero el sentimiento profundo de que la atención a la familia es solo nuestra no ha desaparecido. Y las cosas así se nos ponen muy difíciles.

Artículo aparecido el 29 de abril en El Correo.

Elena Moreno, nueva asociada

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Parent Category: Asociados
Published: 26 April 2011

elena morenoElena Moreno ha entrado a formar parte de la Aee/EIE. Nacida en Bilbao, es licenciada en Ciencias de la Información por la universidad de Bellaterra (Barcelona). Ha trabajado en medios de comunicación como EiTB (Radio Euskadi, Euskal Telebista), Cope, Punto Radio y Canal Euskadi. Colabora habitualmente en prensa escrita y ha ganado varios premios de relatos literarios. El salón de la embajada italiana es su primera novela.

'Vías cruzadas'

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Written by Luisa Etxenike
Parent Category: Colaboraciones
Published: 25 April 2011

La delegación donostiarra se ha desplazado a Madrid en tren para presentar el proyecto final de la candidatura de San Sebastián a la capitalidad cultural europea en 2016. Se ha elegido el tren como un símbolo del compromiso de la ciudad con un modelo de vida sostenible. Mientras ese tren viajaba hacia esa posibilidad ilusionante, otros trenes también eran noticia, pero de un orden y un tono muy distintos. Me refiero a los trenes que transportaban inmigrantes norteafricanos desde Italia y que en ese mismo momento permanecían retenidos por las autoridades francesas en la frontera. Creo que es útil considerar mezcladamente ambas noticias. Permite representarse las tensiones en las que vive Europa, y a partir de ahí las responsabilidades o las ambiciones que de un modo u otro pueden reconocerse en su cultura. O tal vez hay que decir "deben" reconocerse, porque ¿hasta qué punto una cultura digna de ese nombre puede dejar de plantearse los mismos retos que plantea la vida?

El proyecto de la candidatura de San Sebastián -Olas de energía ciudadana. Cultura para la convivencia- va en esa línea de proponer para la cultura un campo de acción donde lo estético y lo ético tengan la oportunidad de relacionarse, de reconocerse, de, podríamos decir, mirarse a la cara. Se trata de una ambición de calado que exige apuestas culturales decididas -cultura es creación mucho más que contemplación- y algunos deslindes. No insistiré en esta ocasión en que me parece imprescindible separar, en lo fundamental, la visión amateurista de la artista, y la cultura, del entretenimiento; incluso abordar la cultura (lo que hace pensar) como lo contrario del entretenimiento (lo que interrumpe o bloquea el pensamiento). No voy a insistir hoy en que presentar, como sucede demasiado a menudo, la cultura como una actividad de tiempo libre reduce seriamente las posibilidades de considerarla y convertirla en la actividad que nos hace libres todo el tiempo. No voy a detenerme ahora en ese punto, porque quisiera centrarme en los trenes.

La historia europea reciente está ligada a los trenes con una intimidad y una significación al límite. Las imágenes más estremecedoras, más demoledoras, de nuestro siglo XX tienen como escenario una estación. Los europeos tenemos la memoria y el imaginario -infinidad de obras de arte han contribuido a cimentarlo- llenos de estaciones, de andenes abarrotados de personas maltratadas, empujadas por la barbarie hacia la deportación y el exterminio. Los europeos tenemos la responsabilidad ética llena de andenes. Pienso que cualquier proyecto de cultura debe tenerlo presente. Y ahora mismo, en esta coincidencia de noticias, cruzar los itinerarios de todos los trenes: el de la capitalidad y el de los inmigrantes; el que lleva alegría y el que carga sufrimiento; el que aspira a más riqueza y el que escapa de la pobreza. Creo que sólo hay cultura, que sólo habrá Europa, en una convicción de vidas-vías cruzadas.

Artículo aparecido en la edición para el País Vasco de El País.

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